|
A SI MISMO
Descansarás por siempre, cansado corazón. Murió el engaño que eterno yo creí. Murió. Bien siento que de amados engaños, no sólo la esperanza, el ansia ha muerto. Reposa ya. Bastante palpitaste. No valen cosa alguna tus afanes, ni es digna de suspiros la tierra. Aburrimiento es tan sólo la vida, y fango el mundo. Cálmate. Desespera por una vez. A nuestra especie el hado sólo nos dio el morir. Desprecia ahora a Natura, al indigno poder que, oculto, impera sobre el daño, y la infinita vanidad del todo.
Traducción: D. Navarro en A. Prieto, El c. d de G. Leopardi. e planeta Barcelona, 1965. |