EL INFINITO

 

 Siempre cara me fue la solitaria

colina, y esta selva que nos cierra

 el último horizonte a la mirada.

Aquí en reposo miro, interminable

otro  espacio surgir, y sobrehumano

silencio y profundísimo reposo

finge mi pensamiento, y casi tiembla

cobarde el corazón. Pero si el viento

oigo silbar en las vecinas frondas

aquel silencio y las presentes voces

voy comparando; y en lo eterno pienso,

en la muerta estación y en la presente

viva y violenta, de tal modo en esta

inmensidad se anega el pensamiento

y el naufragio me es dulce en este mar.

 

traducc: T. Morales en C. de Burgos, Giácomo Leopardi

Ed. Sempere y cª 1909.

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